Qué es procrastinar

Seguramente te ha pasado más de una vez que has decidido hacer esa tarea que tanto estrés te causa (un informe laboral, empezar a entrenar, realizar esa llamada importante) pero antes de siquiera comenzar decides hacer una serie de actividades poco relevantes como: ajustar la silla, limpiar los tenis, prepararte una taza de café, actualizar la PC, hacer scroll en las redes o iniciar conversaciones por chat.

Al final te das cuenta de que el tiempo que disponías para realizar la tarea se ha agotado, por lo que decides aplazarlo para el día siguiente.

¿Qué ha pasado?… has procrastinado!

La procrastinación puede verse de muchas maneras, desde realizar tareas menores o hasta resolver inconvenientes poco urgentes, estas pequeñas acciones pueden volverse un justificativo para evitar afrontar la tarea principal e importante.

¿Qué es procrastinar?

Es la acción de postergar o aplazar las tareas que son de importancia para un después, por lo general se van sustituyendo por actividades de menor valor, que son agradables o que representan una distracción momentánea.

Este comportamiento es muy habitual cuándo nos toca afrontar una tarea que nos genera incomodidad, estrés, ansiedad o dolor. Al catalogarse como una actividad desafiante que puede llegar abrumarnos, decidimos postergarla para otro día, justificando que es un asunto importante y que este no es el mejor momento para realizarla.

No es un acto meramente inconsciente, al contrario, muchas veces, aunque no sepamos el significado de procrastinar, si sabemos identificar cuando estamos evadiendo una tarea y las consecuencias negativas que esta acción puede generarnos. Problemas en el trabajo, malas calificaciones, retrasarnos para alcanzar nuestras metas. Somos conscientes de todo lo que podría acarrear la postergación de la tarea y aun así decidimos no hacerla.

Pero… ¿Por qué procrastinamos?

Existen muchos motivos por el cual procrastinamos, esta resistencia que se nos presenta se puede identificar como:

  • Falta de claridad o no saber exactamente que es lo que tenemos que hacer
  • La tarea se nos presenta como un gran desafío, lo que puede contribuir a paralizarnos
  • Miedo a fracasar o a cometer errores
  • Son tareas que no nos gustan, son desagradables o nos generan estrés
  • Cuándo la entrega de la tarea no cuenta con un sentido de urgencia
  • No saber gestionar el tiempo o priorizar las tareas
  • Y lo más común o habitual es simplemente la pereza

7 claves para vencer la procrastinación

Somos seres rutinarios y compuestos de hábitos (buenos y malos). La procrastinación puede volverse un mal moderno gracias a la exposición constante que tenemos de gratificaciones inmediatas. Las redes sociales, los videojuegos, la televisión, entre otras distracciones, pueden fácilmente desviar nuestra atención de lo primordial y alargar la postergación de las tareas importantes.

Es por ello que te enumeramos 7 claves para aplicar a tu día a día. No se trata de ser productivo al 100 %, sino de saber como trabajar inteligentemente en nuestros objetivos.

Divide la tarea en microtareas

Cuándo sientas que la tarea es muy abrumadora y complicada, pasa de lo macro a lo micro. Divide la tarea en pequeños pasos, tan pequeños como sea necesario, toma en cuenta cuál es el objetivo final, pero céntrate en dar cada paso.

Esto te ayudará a simplificar la tarea, hacerla más dominable y facilitará la toma de acción. Por ejemplo: si tu objetivo es levantarte a las 5:00 am, pero habitualmente te levantas a las 7:00 am. En vez de levantarte de golpe a las 5 am, empieza reduciendo 30 min, esta semana me levanto a las 6:30, la siguiente semana a las 6:00 am y así sucesivamente hasta llegar a tu meta.

No busques la perfección

Debes estar dispuesto a que las cosas salgan mal antes de que puedas hacerlas bien. Muchas personas se paralizan porque piensan que deben tener toda la información antes de empezar cualquier actividad, el resultado es que nunca empiezan.

No se trata de tener un plan perfecto o todo calculado. Es mejor comenzar con un plan deficiente, pero haciendo, aceptando los errores como parte del proceso y mejorando el plan con la información que se va obteniendo. Que quedarte esperando a tener el plan perfecto y nunca comenzar.

No dependas de la motivación

Es mucho más sencillo para nosotros actuar cuando nos sentimos motivados, no obstante, no siempre vamos a tener ganas de entrenar, de levantarnos temprano, de escribir ese informe, etc. Una cosa son las emociones y otra las acciones, no debemos esperar sentirnos con ganas para hacer lo que debemos hacer.

La mayoría de las veces tendrás que seguir adelante con tus tareas, aunque no te sientas motivado. Es por eso que debes separar la acción de la emoción porque la motivación no siempre estará presente. Y aun en esas circunstancias, debemos actuar como lo haría nuestra mejor versión.

¿No tienes ganas de correr? Sal a correr sin ganas. ¿No te sientes motivado para empezar a leer ese libro? Léelo sin motivación.

Incorpora pequeñas recompensas

Concedernos cosas que nos gustan o nos generan placer contribuye a distender nuestra mente de la constante tensión por las labores que debemos completar. Así que puedes implementar una lista de las cosas que debes hacer y asignarle a cada tarea una actividad que te guste hacer.

Por ejemplo: ver tu serie preferida al llegar de caminar, escuchar tu música favorita al entrenar, revisar las redes sociales al completar los informes. Con esta estrategia podrás utilizar las cosas que te dan placer como recompensa por hacer las que debes.

Rodéate de personas afines a ti

La mejor manera de mejorar tus hábitos es pasar más tiempo con las personas cuyos comportamientos sean los que tú deseas y que además pueden ayudarte a lograrlo. 

Es importante pasar parte de nuestro tiempo con la gente que comparte nuestros ideales, pero sin que esto suponga que debamos perder nuestro afecto por aquellas personas que no comparten nuestros cambios.

Equilibrio entre productividad y relajación

El ser humano no tiene la capacidad de trabajar de manera ininterrumpida, luego de un largo periodo de esfuerzo, ya sea físico o mental, empezaremos a notar síntomas de agotamiento, dolor de cabeza o pérdida de concentración.

Es vital incluir descansos de manera intercalada después de cada bloque de trabajo, por ejemplo tomar 5 o 10 minutos para revisar las redes sociales, tomarse un café, recibir una llamada o ver la televisión. Lo más importante es saber equilibrar estos espacios de ocio que son necesarios para refrescar y no que sean un justificativo para evitar la responsabilidad.

Evita autoengañarte

Debes comprender que muchas cosas no dependen de ti, aunque pongas todo tu esfuerzo en las acciones para ejecutar tu plan y des lo mejor, es posible que el resultado final este fuera de tu alcance.

Es crucial esmerarnos y poner todo nuestro esfuerzo en hacer las cosas correctamente al mismo tiempo que debemos aceptar que puede que al final no salga como esperamos. Con esta estrategia reduciremos el impacto que cae sobre nosotros (autoestima, autoconcepto y autoimagen), disminuyendo la frustración ante las adversidades y contribuyendo a la adaptación del plan ante las nuevas circunstancias.

Comenzar es la mitad del trabajo. Comienza después con la mitad restante y habrás terminado

Marco Aurelio